Nuestro cuerpo necesita colesterol por desarrollar numerosas funciones, como son producir hormonas, ayudar la formación de bilis y de vitamina D, y para que se mantenga la estructura celular del organismo. La arteriosclerosis puede provocar lesiones en las arterias, sobretodo en las coronarias.
Diversos estudios demuestran que las personas que presentan el nivel de colesterol permanentemente elevado tienen más riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio que no las que mantienen unos niveles más bajos. Así mismo, la arteriosclerosis puede provocar problemas circulatorios en otras partes de nuestro organismo (extremidades, cerebro, riñones). Además, es preciso recordar que el tabaco, la tensión sanguínea alta, la obesidad y la diabetes son factores que potencian la capacidad lesiva del colesterol.
El colesterol que nuestro organismo utiliza normalmente tiene dos orígenes: la alimentación y el que el organismo elabora. Hay dos aspectos que es necesario considerar: uno es la importancia que tiene en todos estos procesos, y otro, muy diferente, es el aumento de los niveles de colesterol en la sangre por encima de los considerados adecuados, lo que puede ocasionar problemas de salud importantes, ya que este nivel excesivo de colesterol está directamente relacionado con la arteriosclerosis.
Aliméntate bien
Una alimentación equilibrada es el primer paso para la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiocirculatorias.
Es recomendable:
Es recomendable reducir el consumo de: